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por: María Teresa Linares La
guaracha es uno de los géneros de canto y baile que se menciona
en la literatura costumbrista desde los inicios del siglo XIX, y
que ha llegado a la actualidad tras un largo proceso de evolución. La guaracha vino a sustituir a las jácaras, canciones picarescas
que se intercalaban en las obras de distintos autores del teatro
español del Siglo de Oro que se representaba en Cuba ---tonadillas,
sainetes y entremeses. Dice Cotarelo y Mori: "Nacida del tono con
que los músicos entretenían la impaciencia del público mientras se acomodaban
en sus lugares, siguió cantándose jácaras al comienzo del espectáculo.
Sin embargo, las excepciones fueron frecuentes... A veces iban al fin
del entremés formando parte de él, o intercalada en el mismo... en l663
se intercala una jácara entera, cantada alternativamente para llenar el
espacio corto del asunto del entremés". Y agrega "El desvío
del público y su aborrecimiento a esta literatura rufianesca acabó con
las jácaras, que en lo que tenían de artístico y bello, la
música y el canto, renacieron o continuaron en la tonadilla, que logró
su mayor auge y perfeción en la segunda mitad del Siglo XVIII" De manera que cuando la guaracha apareció como elemento musical en
los primeros años del siglo XIX ya tenía antecedentes en las
jácaras que se habían ejecutado en las tonadillas y sainetes del teatro
español que se escuchaba en los bodegones del puerto de La Habana. La guaracha apareció como elemento musical en los primeros años
del siglo XIX, como canción en boca del pueblo o incorporándose
al teatro cubano. La primera Compañía de Cómicos del País
se dio a conocer en l800 y ya en l806 se llamaba de Cómicos
Havaneros (sic) con la dirección de Francisco Covarrubias.
Estas compañías iniciaron lo que más tarde sería el teatro bufo
introduciendo personajes criollos que sustituían a los españoles en obras
teatrales cubanas con estructuras similares a sainetes y entremeses españoles,
pero con asuntos, personajes y trozos de música con características
nacionales. Así entra en la escena cubana la guaracha, para permanecer
hasta nuestros dias. En estas obras aparecieron personajes como el negrito, la mulata,
el guajiro, el gallego aplatanado y argumentos
basados en nuestra realidad y contexto social e histórico
. De este modo se fue configurando un estilo distinto en la música
que se escribía para el teatro. Los personajes antes citados asumieron
ciertas actitudes sofisticadas que luego pasaron a la música por ellos
interpretada. El ambiente de la guaracha y los guaracheros ocupó el lugar
y estilo de las jácaras y los personajes llamados jaques.
La vestimenta que usaban aquellos fue sustituída por las camisas de vuelitos
y el pañuelo al cuello y la cintura, a las que se les llama hoy guaracheras
. El vestuario utilizado por la mulata del rumbo, personaje por
excelencia de la guaracha, con sus pantuflas de piel de venado y
su mantón de manila fue el que se atribuía también a la negra
curra, que se conoció por la imagen reflejada en la gráfica colonial,
que se convirtió luego en la rumbera de saya con cola de vuelitos, y un
gran pañuelo al cuello con cuyas puntas alzaba los brazos contoneándose: Cuando arrastran la chancleta / y a un lado tercian la manta nadie delante se planta / porque pierde la chabeta El jaque o negrito cheche fue representado por el personaje que llamaron
Juan Cocullo , también identificado como negro curro,
que hablaba en verso, generalmente en décimas. Similar es el
negrito Candela: Aquí ha llegado Candela negrito de rompe y raja que con el cuchillo vuela y corta con la navaja... Y se vestía igualmente con pañuelo anudado en la cabeza, y sobre él un sombrero
alón, pantalón ceñido a la cintura y patas acampanadas, camisa por fuera,
anudada al frente, una argolla en una oreja, y también pantuflas de piel
de venado que sonaban jactancioosamente al caminar. Este personaje
respondía también al nombre y actitudes de negro curro. La guaracha, como estilo de canción, de ritmo rápido y texto
jocoso siempre describió algún hecho político o social, alguna
situación sobre un personaje popular o alguna actitud que
se describía en forma picaresca caracterizando el choteo criollo. En esto
intervinieron cantadores populares que compusieron muchas guarachas que
aparecen criticadas por los escritores costumbristas, las que no aparecen
publicadas en colecciones por considerarse de aquel lenguaje "rufianesco",
pero que sí se trasladaron por tradición oral. Al respecto dice
el Regañón de La Habana el 20 de enero de 1801: "Pero sobre todo lo que me ha incomodado más... ha sido la libertad
con que se entonan por esas calles y en muchas casas una porción de cantares
donde se ultraja la inocencia, se ofende la moral... por muchos individuos
no sólo de la más baja extracción sino también por algunos en quienes
se debía suponer una buena crianza... ¿Cómo es posible que haya quién
guste oír cantar la Morena, que es la canción menos mala quizás
de cuantas corren por ahí en boca del vulgo?... ¿Que diré de la Guabina
que en la boca de los que la cantan sabe a cuantas cosas
puercas, indecentes y majaderas se pueda pensar?... Pero a pesar de las críticas ya en l867 se publicaba un
librito con las guarachas más conocidas, publicada su segunda edición
"corregida y aumentada con veinte guarachas de las más recientes".
Se trata de Guarachas cubanas, curiosa recopilación desde las más antiguas
hasta las más modernas, recopilación sin autor publicada por la Librería
La Principal, Plaza del Vapor, La Habana l882. Aunque en el libro aparecen
95 guarachas, no se consignan La morena ni La Guabina
y otras criticadas por el Regañón, que publicó su periódico desde 1800
hasta 1806. Además, el lenguaje que aparece en ellas es muy correcto aunque
emplean algunas veces frases populares, o imitación al habla del negro,
aunque no el lenguaje bozal introducido por Bartolomé Crespo Borbón,
Creto Gangá. Parece ser que la época de mayor auge de la guaracha es
la que señala Rine Leal, a partir de los bufos, pasada la primera mitad
del siglo XIX. El uso de la parodia de obras clásicas, el arraigo de los
personajes y temas del teatro cubano, hizo que la guaracha tomara parte
integral de las obras, y en ellas se reflejaran usos y costumbres de la
vida cubana "centrado en mulatas de fuego y azúcar, desafiantes negros,
dichosos guajiros, chinos de Cantón, rumbas del manglar, ñáñigos en su
fambá, frutas y comidas criollas, vividores y beatas, ninfas trigueñas
y niñas encantadoras, todo visto y comentado con excelente humor, picardía
y sabrosura" (Leal, Rine, La Selva Oscura, p 20). Refiriéndose a la Compañía de Bufos, Leal
cita un comentario del Diario de La Marina del 9 de julio de 1867: "La Compañia de bufos, nos consta, tiene un extenso
repertorio de sandunguerísimas guarachas... Además el autor de
esas guarachas forma parte de la compañía, y claro es que con un poco
de trabajo puede dar novedades a menudo." "No se trata, --dice Rine Leal-- de música
importada en la obra debido a su gracejo popular, sino compuesta especialmente
y creada por el autor de la pieza o por miembros de la compañía que trabajaban
en un verdadero equipo" Desde luego, el autor vertía sus criterios,
su mundo subjetivo, decía "como él pensaba que pensaba el negro",
sin importarle a veces la realidad pensante, los sentimientos
ni la vida real de aquel personaje que él caricaturizaba. Aquí vemos como desde principios del siglo XIX se
conocían ya guarachas calificadas entonces por Esteban Pichardo como "canto
y baile de la gentualla", las cuales se incorporan al teatro bufo
por una parte, y por otra se incorpora el término al léxico popular
cubano. Otro término que se incorpora y que usaremos hasta nuestros días
es la palabra sandunga, como sinónimo de gracia criolla, que encontraremos
copiosamente utilizada a través de dos siglos hasta la actualidad
en que la encontramos en Juan Formell en su guaracha "Por encima
del nivel". Algunas contradanzas, muchas de ellas con temas tomados
de antiguas guarachas muy popularizadas tienen señalados, como aire y
tempo "con sandunga" en lugar de allegretto
con grazia, término italiano que se usa en las obras
musicales. En la contradanza El Sungambelo, el tema de la
primera parte está basada en una antigua guaracha del mismo nombre que
decía: De los sungambelos que he visto en la Habana, ninguno me gusta como el de tu hermana[1] Además los textos de las guarachas publicadas reflejan
un criterio clasista de los autores, una actitud peyorativa
se trasluce de muchas expresiones. La presencia del negro representando
su papel estaba negada, era un blanco pintado de negro el que decía y
hacía lo que le encomendaba el autor. Leyendo aquellos textos, encontramos
elementos críticos y hoy criticables "que muestran al bufo como
una consecuencia, el fruto de una colonia que se empeñaba en reir
--o burlarse-- a pesar de su desequilibrio moral, y la guaracha queda
como un mecanismo de escape y frustración que tiene mucho que ver con
nuestro tradicional choteo y falta de jerarquía y autoridad". (Leal,
op. cit.) En las actitudes
clasistas que reflejan los textos de muchas guarachas se denota
una oposición a la multirracialidad, al matrimonio entre blancos y negros,
o blancas y chinos, con el señalamiento de "defectos" a la
moral, a la naturaleza humana:
Arroz con frijoles Un blanco con una
negra Se casaron hace un
mes el marido tiene suegra y creo que bruja es Estribillo Tiene tres bemoles
/ pareja tal que arroz con frijoles
/ suelen llamar
Como los dos se
casaron Yo no puedo comprender... Sin duda que se avidriaron para tal barbarie hacer (E,G,) Y esta otra que se refiere a la frase peyorativa
"lo engañaron como a un chino" que se utilizó tanto a partir
del papel infeliz que se le atribuyó en el teatro: Si te casas con un chino has de comer cundiamor y tu rostro peregrino amarillo se pondrá
... Muchas quieren a los chinos Y se dejan camelar porque dan mucho dinero y se dejan engañar... Las críticas a las viejas presumidas, a los viejos
verdes, a las comidas, a todo lo que en la vida cotidiana puede
servir para burla, escarnio, choteo, edulcorado con frases como
mulatica de azúcar, con fuego en la mirada, aparecen en otros textos
del libro Guarachas Cubanas antes mencionado. Tanto Rine Leal como Mary
Cruz comentan el paisaje humano descrito en aquellas
guarachas en las que la realidad era presentada por los puntos de vista
de sus autores. Y en lo que coinciden José Crespo Borbón y Victor Patricio
de Landaluce es en "el descubrimiento de una porción fundamental
de la existencia cubana, la representada por la población negra
--libre y esclava-- y porque ambos se dejan seducir por sus más superficiales
aspectos, por sus apariencias pintorescas sin ahondar jamás su verdadera
esencia humana" (Mary Cruz, Creto Gangá). Y no deja de tener interés, por lo menos informativo,
de cómo era la vida popular, la de los negros y blancos pobres, la de
los emigrantes, de los cuales en ningún momento hubo interés en
publicar sus poesías, mucho menos su música la que hoy se puede
reconstruir sólo por la interpretación que se haga de aquellas descripciones.
Muchas frases populares, que se repitieron por tradición oral hasta
perder su significado o adquirir otros, como !Oyelo bien, Rubén!
o !Suelta el peso, que es del rancho! están ampliamente descritas
en los textos de sus guarachas respectivas. Otras costumbres, sobre
comidas, bautizos, guateques, los bailes de moda, el vestuario
--el sungambelo y el malakof--, las referencias al carácter,
la timidez del campesino, la desfachatez del alardoso, la coquetería de
la mulata, no hubieran sido conocidas sin la presencia de aquellas crónicas
del acontecer social del siglo XIX. En cuanto a su estructura dice Argeliers León (Del
Canto y el Tiempo. l974): "La guaracha surgió como
canción con cuartetas diferentes, que en muchos casos se improvisaban
haciendo referencia a cosas o sucesos en forma indirecta o de sátira e
intercalaban siempre un estribillo. La guaracha no va a ser más
que la alternancia de solo-coro que hemos visto ya como un elemento formal
generalizado en nuestra música". Alejo Carpentier (La Música en Cuba, l946) también señala
la transformación del teatro en el siglo XIX: "Lo importante, --dice--
en esta evolución del teatro bufo cubano es la cabida cada vez mayor que
da a los géneros musicales de la isla. María Rosa habla "en negro"
pero también canta "en negro" ... Se rascan güiros, siempre
aparece un personaje tocando el tiple. La seguidilla, el villancico,
el aria tonadillesca, han cedido su puesto a la guajira,
la guaracha, a la décima campesina, a la canción
cubana, cuando no a ciertas composiciones más libres, que pretenden expresar
el carácter de los negros cheches, horros, o de nación, así como
los negritos catedráticos erigidos en tipos tradicionales... Un excelente
autor de guarachas, Enrique Guerrero, director de compañías de bufos...
en l879 publicó La Belén, para dos voces, coro y orquesta, que es, por
su estructura una tonadilla escénica criolla", En ella empieza el coro con un amplio pasaje que se repite
como estribillo alternando con coplas octosílabas que cantan
el tenor y la tiple: La Belén Estribillo (coro) Cantadores, a cantar; esta noche sí que vamos a gozar repiquen los tambores
cantemos con primor
cantadores a cantar
esta noche sí que vamos a gozar Tenor (solo)
¿Qué tienes tu mi negrita,
que siempre te he de encontrar?
Ven, para que no me busques
a vivir con tu moruá. Tiple (solo)
Me entusiasma este negrito
con su modo de cantar
y eso que yo no lo he visto
revoloteando el fambá Estribillo (coro) Cantadores, a cantar
etc. Tenor (solo)
Escúchame, mi negrita,
yo no entro en tu fambá
si tu me quieres querer
!ya tu verás! Tiple (solo)
Me entusiasma este negrito
con su modo de cantar
y eso que yo no lo he visto
revoloteando el fambá Estribillo (coro) Cantadores
a cantar
etc. "Se conservan grabaciones de los artistas del teatro vernáculo de guarachas
y rumbas que no se diferencian entre sí en el acompañamiento de las guitarras
--cuando se trataba de un pequeño grupo, dúo o trío-- o por la orquesta
del teatro o un piano. Las etiquetas de los discos decían: "diálogo
y rumba" (Linares l998 p l30). El
cantaor Pepe de la Matrona estuvo en Cuba cerca de catorce años,
asistió a las funciones del Teatro Alhambra y se aprendió muchas de aquellas
rumbas expresándolas en España en su lenguaje musical, el cante flamenco.
Son muchos los discos cubanos que aparecen repetidos en sus
variantes por este cantor y muchos otros cantaores que las han
incluído en sus repertorios. Pepe de la Matrona llevó a la expresión del
cante flamenco guarachas como Cabo de la Guardia, El pescao, A la
voz de fuego, Acelera Ñico, acelera, No te mueras sin ir a España
y muchas otras, de las cuales sólo las personas muy mayores se acuerdan,
pues no existen partituras al no haber sido valoradas en su momento,
quizás por ser de muy corta duración, como estribillos que podían haber
sido improvisados y trasmitidos por tradición oral, o porque permaneciera
aquel prejuicio de "música de la gentualla". El
regreso de estas guarachas a España fue un hecho similar al ocurrido
en el siglo XIX con las danzas cubanas, las habaneras y los
puntos de La Habana, que fueron asimiladas por las familias de emigrantes
vinculados a Cuba y tomaron un carácter y expresión distinta
a la original cubana, pero de todos modos influyeron en lo que hoy se
califica como "cantes de ida y vuelta" por los musicólogos españoles
y se mantienen en la tradición de muchas comarcas. De
aquella etapa de los inicios de este siglo, una de las que alcanzó mayor
popularidad fue la guaracha de Manuel Corona (l880-l950),
El Servicio Obligatorio, que grabó María Teresa Vera con
Rafael Zequeira. Se trata de una guaracha que se burla de los solteros
o amancebados que se casaban precipitadamente para evadir la ley que se
firmó al iniciarse la Primera Guerra Mundial en l9l4. Para cualquier
ocasión en que se trataba de rehuir una responsabilidad se le cantaba:
Se te acaba la fama de tenorio / óyelo bien, Rubén, óyelo bien. Al introducirse el son en La Habana, los septetos y conjuntos
incrementaron sus repertorios incluyendo guarachas tradicionales con la
adición de un montuno, a lo que llamaron guaracha-son y de esta
manera se fue transformando aquel ritmo muy segmentado, pero
fundamentalmente cantable, en forma de son de tempo más acelerado.
El tema de la mujer del pueblo, negra o mulata, que había aparecido
en el siglo XIX se mantenía con el mismo espíritu al celebrar su gracia
y belleza, su imprescindible presencia Yo estoy tan enamorado de la negra Tomasa que cuando se va de casa que triste me pongo que me cocina Na´ma que me gu´ta la café que ella me cuela Ay, ay, ay, Esa negra linda que me echó bilongo.. etc. etc. ( Bilongo o La Negra Tomasa, de Rodríguez Fife)
Al convertirse en son, la guaracha dejó para muy pocos conjuntos su uso
como canción. Hubo autores que componían casi exclusivamente este género,
como Ñico Saquito, (Antonio Fernández, Santiago de Cuba, l902-l98l),
de las cuales su obra más famosa es Cuidadito
Compay Gallo, de l930, que popularizó el Trío Matamoros.
Otros fueron Bienvenido Julián Gutiérrez (l900-l966) (Azúcar pa un
amargao, Sensemayá, El diablo tun
tun); Sergio Siaba (El cuarto de Tula),
Marcelino Guerra (Pare, cochero). La guaracha se ha diluído en muchos géneros actuales. El son, el chachachá
y toda una serie de variantes siguen haciendo uso del humor criollo después
de doscientos años. Se ejecuta por orquestas charangas en forma de chachachá:
la Orquesta Aragón con Pare cochero, la orquesta de Neno
González con El diablo tun tun, y por último una de las más
significativas, ejecutada por un conjunto con elementos sonoros electroacústicos,
y de la mayor actualidad, la orquesta de Juan Formell, interpreta una
titulada Por encima del nivel que utiliza el calificativo más usado
en el siglo XIX y que aún conserva vigencia para aquel sentido de gracia
criolla que se le atribuyó a la mulata: sandunguera. Se te va por encima la cintura No te muevas más así Y dicen
que Que a esa muchacha no hay quien le ponga el freno,que Que qué de que Que si la dejas se lleva el baile entero Que facilidad, mírala, mírala Se te va por encima la cintura No te muevas mas así Que te vas por encima del nivel Y dicen que Que con su cuento y con ese movimiento, que Que qué de qué Que si la sigues te deja casi muerto ¡Qué barbaridad! ......... La única diferencia es que
la expresión parte ahora de una identificación de clase. Es la misma mujer
integrada en nuestra sociedad la que baila desprejuiciadamente, que se
le celebra su gracia, y se lo dicen un creador y un intérprete que saben
que ella es así y no como ellos piensan que debe ser. Es el reflejo de
nuestra sociedad actual, en la que todos bailan al mismo ritmo y con la
misma expresión. Por su gracia la mulata sigue siendo objeto de celebraciones,
por hombres que, como el cantante que ejecuta esta guaracha, es un miembro
de nuestro pueblo con una imágen artística similar a la del negro
curro, pero actual: argollita de oro en la oreja izquierda,
sombrero alón y formas y expresiones jacarandosas como buen cubano. En la cancionística
actual han aparecido otras guarachas, que, como las primeras, chotean
un acontecimiento o una medida necesaria --La vaquita Pijirigua,
de Pedro Luis Ferrer, y no es la única--, en la que se burla de acontecimientos
sociales que resultan rechazables, y es una manera de contrarrestarlos,
de minimizarlos. Así se han enfrentado contradicciones se ha dado respuesta
a campañas, se han criticado actitudes pusilánimes, y de esta forma la
guaracha ha continuado su función de noticia y crónica. Se han utilizado
recursos literarios en un proceso intelectivo poco usual cuando se recurre
a lo cotidiano. Nos referimos al uso de la jitanjáfora por el propio
Pedro Luis Ferrer en Cómo me gusta hablar Español: Si Burundanga
se come a mondongo y mondongo
la tumba que manda la conga Si Burundanga
se sube la tanga y se
va pa la conga Si Burundanga
prefiere malanga si
polvo resonga y si llueve se enfanga -Que
bongo tan sanga !Ay
que felicidad! Cómo me gusta hablar español Si Burundanga
está en la pachanga es porque
ñanga le dio calor !Que
felicidad!...... -Que
soy Mahoma, voy por la goma que
en el idioma soy el mejor !Que
felicidad!....... Oye
consolte mira mi polte No hay
quien opolte mi guarandó por
esa quema perdí la jeba !Ay que
felicidad!... sueltame
un baro que está muy caro préstame
un caña que no hay maraña Tremenda
jama botó la dama Tremendo
hielo me dio Consuelo etc etc Por último
queremos valorar la actualidad que alcanza esta guaracha de
Pedro Luis Ferrer, en la que señala las expresiones coloquiales propias
del habla del cubano, de forma jocosa a veces hilarante, lo que contribuye
a meditar sobre la necesidad de aplicar normas educacionales --como se
está procurando ahora--, para que no se nos vaya de la mano la belleza
y elegancia de nuestro idioma mientras sonreímos ante la gracia de nuestro
humor criollo. Otro recurso empleado por este autor es el de la décima de versos truncos
como la empleara Miguel de Cervantes en el Quijote, en la guaracha
Mario Agüé: Estimado Mario Agüé Cuando regrese el verá nos iremos a la plá hasta diciembre o ené Esta vez no fallaré casi el año completi hasta llevar un barquí para pescar rabirrú ve pensando en el futú por si quieres que te alquí Desde que estoy retirá me aburro como un cretí ayer me torcí un tobí mientras sembraba en el pa concurro cada mañá dar por el barrio un pasé con mi nieto el más pequé el que vive con nosó y luego quedo en repó el mediodía comple ¿Que te parece Mario Agüé como llevo la vida?..... La guaracha ha llegado a ser un signo de identidad cubana que permanecerá
mucho más de los dos siglos que llevamos disfrutándola, sobre todo si
se alcanza la calidad y permanencia de sus valores intrínsecos, sus rasgos
inmutables, su expresión en un lenguaje correcto, ni chabacano ni
pornográfico como algunas, que obviamente no mencionamos, que se prohibieron
por la antigua Comisión de la Decencia, en este siglo y que fueron cantadas
sotto voce por muchas personas, siendo aún más criticables que
las antiguas Morena y Guabina . Y esto es todo por hoy,
aunque falta mucho más por decir. [1]Sungambelo era un lazo de guías
largas que se ponía en la cintura, detrás, y las guías llegaban al
borde inferior de la saya, moviéndose con gracia al caminar. |