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por: María Teresa Linares El mestizaje ocurrido por la confluencia de distintas culturas en los primeros siglos que siguieron a la conquista y colonización españolas fue motivado por la transculturación de elementos de estilo, que dieron lugar a nuevos productos culturales en la música que ya comenzaba a identificarse como cubana. Consideramos, sin creer que exageramos, que el punto cubano, la guaracha y la habanera surgieron en los momentos en que nacía nuestra nacionalidad, a fines del siglo XVIII, cada uno con sus singularidades. La décima, usada como texto de cantos, ya se conocía
antes de la Toma de la Habana por los Ingleses; la guaracha
aparecía mencionada en los bailes populares anunciados "o
criticados-- por artículos
de costumbristas en el Papel Periódico de La Habana y en El
Regañón, y las habaneras
se cantaban como cancioncillas hasta su desarrollo y expansión a mediados
del siglo XIX cuando llega a España con distintos nombres:
canción americana, tango americano, o simplemente
tango. El reconocimiento de que eran canciones llevadas de
La Habana produjo en España el cambio
de aquellos nombres diversos por el gentilicio habanera. Lo curioso
pudiera resultar del hecho de que muchos extranjeros buscaron
novedades para sus composiciones en España --Bizet, Glinka, Lalo, Saint
Säens, Ravel--, y utilizaron,
precisamente, los ritmos
y melodías de habaneras conocidas, tomadas de la música española,
aunque le mantuvieron este nombre. La Habana era capital de la Isla y a la vez punto de
convergencia de navíos de la flota comercial entre los puertos de Europa
y los de América Latina.
En su larga estadía en el puerto, los pasajeros y navegantes se divertían
en los alrededores del mismo. El recorrido de las flotas por la costa
atlántica americana condujo, además de las mercancías, elementos culturales
que se intercambiaban en la ida y la vuelta con el mundo iberoamericano.
También fuera de las murallas, en tierras egidales, se establecieron campesinos
que suministraban productos agrícolas a los habitantes de la ciudad. En
la expansión de la misma participaron sectores humildes, entre los cuales
surgieron lugares de diversión como fueron los bailes de cuna, de
los cuales dice El Regañón de La Habana "que había más de cincuenta".
En estos bailes se interpretaban danzas originales de España, pero también
se introdujeron el minuet, la contradanza, el vals y la polka, transculturados
con elementos criollos, que recibieron el nombre de minuet afandangado
o del dengue, y contradanza criolla. En muchas de estas
contradanzas se observa el ritmo de habanera en el acompañamiento, y en
la melodía de su segunda parte se reconoce la presencia de algún tema
de habaneras o de guarachas de moda. El inicio de la habanera en Cuba pudo tener alguna
relación con el de las guarachas y las contradanzas. Aparecen muchas partituras
en las que tanto la estructura formal de la melodía y el verso como de
los ritmos acompañantes y el acompañamiento armónico son similares entre
la habanera popular y la guaracha. Esta última se usaba en las
piezas teatrales de principios
del XIX, incluidas en la misma función que la que tenían las jácaras
de las tonadillas y los sainetes españoles que ocuparon los programas
teatrales de parte del Siglo XVIII y las dos primeras décadas del XIX.
Estas semejanzas sólo se distanciaban en el texto: para la habanera eran
textos líricos, amorosos, "con una languidez que invita a la molicie",
diría un cronista. Sin embargo
la guaracha contenía el humor criollo, la picardía, la crítica social,
y a veces frases intencionadas que indignaban a
los costumbristas. Muchas guarachas también resultaron de la parodia
de una canción conocida, razón por la cual esta semejanza estructural
estaría más que justificada. En las contradanzas se utilizaron melodías
de habaneras y de guarachas de moda. De éstas últimas se publicaron más
de veinte caricaturas en las marquillas de cajas de cigarros, con la música
de la contradanza impresa en el dorso. Fueron muy conocidas las contradanzas
No me gusta, Si, me gusta, Suénatelo pintón, y Suelta el peso,
basada en la guaracha que copiamos: ¡Suelta el peso, que es del rancho! Al pasar por el placer Me encontré con la disputa De la morena Canuta, Un soldado y un furriel. Estribillo Ella le dijo al soldado --No doy el peso Don Pancho! Y él le contestó enfadado --¡Ea, morena! Suelta el peso, que es del rancho (Estribillo) Yo no supe cuál sería La causa de la cuestión; Sólo sé que ella decía: "porque probá la función" --Morena si no das eso.. (Estribillo). --Cójaselo usted, Don Pancho" Cogiendo el soldado el peso, Se largó a comprar el rancho. (Estribillo) Yo contemplaba al soldado, Y a la morena también; Por fin me escapé admirado, Sin comprender el belén.
En España se había popularizado tanto la contradanza
criolla a mediados del siglo XIX que
un historiador comentaba "... hoy se baila mucho en Madrid,
donde es distinguida con el nombre de la Habanera". Y de hecho, en
Cuba se compusieron muchas
contradanzas con acompañamiento de habaneras y muchas, también, habaneras
instrumentales, que fueron bailadas con un tempo más lento, más pausado
que las contradanzas y sin las figuras que distinguían las partes de éstas:
paseo, cadena, sostenido y cedazo. La primera habanera que aparece publicada es la que
menciona la investigadora Dra. Zoila Lapique,
comentada por ella en su libro
Música Colonial Cubana.
Es una habanera publicada en el Periódico
La Prensa el l3 de noviembre de l842: "El amor en el baile". Nueva canción habanera puesta en música con acompañamiento de piano por un Vuelta-Adentro C.P." Es decir, parece
que había otras canciones habaneras anteriores que no se habían "puesto
en música" ni publicado antes. De ellas recogimos varias por la tradición
oral que tienen muy bellos textos, uno en forma de décima: A mi no me gusta el coco Ni tampoco el canistel Ni la naranja cajel Ni la de lima tampoco. El mango yo no lo toco Si no está en buena sazón, Ni el sabroso marañón Que es el rey de todas las frutas El plátano si me gusta Verde amarillo y pintón. Esta habanera
regresó a España y en ocasiones se ha usado la décima para cantarla
con melodías del punto de La Habana, que también ha regresado a
España y ha tomado el nombre de guajira entre los cantos flamencos. Otras habaneras tenían carácter de canciones patrióticas,
como una canción de despedida de un prisionero que llevaban desterrado
a las Islas de Chafarinas o Fernando Po. De otra habanera patriótica conocí
por tradición oral la leyenda de una mujer que escondió varios mambises
durante la Guerra de l868 y les facilitó la fuga. Ella fue detenida y
juzgada y se le condenó a pena de muerte. En la movilización que hizo
el pueblo a su favor, alguien compuso una canción habanera y se la enseñó
a su pequeño hijo para que la cantara ante el Capitán General, Conde de
Balmaseda. La esposa de éste, enternecida, pidió al conde que
perdonara la vida a la madre mambisa y le fue cambiada la condena
por cadena perpetua. Fue amnistiada luego de la Paz del Zanjón. Esta canción
fue muy conocida en el ámbito de cubanos patriotas de las dos guerras.
Obtuve el testimonio de dos ancianas que eran sobrinas-nietas de la mambisa
y de mi madre que la cantaba siendo niña, pero
su texto aparece en un cancionero publicado en l879, impreso en
Madrid, en la imprenta de M. Minuesa, y el texto tiene una nota al pie
que dice: "Esta canción la cantó en palacio un niño de
8 años al conde Balmaseda y su señora esposa. Compadecido, puso a la
madre en libertad" La Habanera fue muy popular. Igual que la guaracha
expresó una forma muy peculiar de cantar textos sencillos asumiendo la
expresión del castellano que se habla en Cuba, con sus entonaciones y
acentos, con su estructura silábica, que coincidía con la estructura melódica.
El ritmo acompañante era más destacado al ser ejecutado por la guitarra
"sola o en dúo-- resultando una canción raigalmente cubana. Su fuerza
de expansión la llevó a casi todos los países latinoamericanos y a España,
donde fue identificada como canción habanera, aquella que los emigrantes
a su regreso calificaban como tango americano. La relación música-texto
y la fuerza percutiva de la división silábica, así como el factor de duración
de los sonidos definen la naturaleza y carácter de la habanera y la guaracha,
que usan de modo general el octosílabo, y todos estos factores definen
su estructura musical. Esta relación la encontraremos en toda la música
cubana en la que el texto ejerza la misma función. Muchos autores, desde
la contradanza hasta el danzón, usaron melodías conocidas, de moda, en
alguna de las partes de estas piezas bailables, y es que tanto la contradanza,
como la danza y el danzón, tienen rigurosamente ocho compases
--o múltiplo de ocho " en las partes, y los textos usados
por aquellas canciones son generalmente octosílabos. Es fácil encontrar
ejemplos de ambos estilos de canción que coinciden exactamente en su estructura
metro rítmica y melódica. El temprano regreso a España de la habanera fue fundamentalmente
por la afición y el recuerdo nostálgico de La Habana de emigrantes a su
vuelta. Pero la visita de músicos españoles como Gaztambide y Sebastián
Iradier fue muy importante. El
maestro Iradier estuvo varios años en La Habana y luego en México. Compuso
muchas habaneras, entre ellas La Paloma, quizás la más conocida
habanera en el ámbito internacional. Otra habanera de este autor, El
arreglito, fue utilizada casi textualmente por Bizet para su ópera
Carmen. Con el gran desarrollo que alcanzó la zarzuela española
en el siglo XIX, luego de estos primeros éxitos, los autores españoles
incluyeron en sus zarzuelas,
una habanera. Casi
enseguida que se estrenaba una zarzuela en España, alguna compañía la
traía a Cuba, y aquí se popularizaban de inmediato. Conocí ancianas de
La Habana que cantaban la habanera de la zarzuela Los hijos del Capitán
Grant como si fuera cubana, y otras que consideraban una habanera
campesina, o de ingenio, la Habanera del Café de la Revista "El
Certamen Nacional" cuyo estribillo dice: Mi niño... no hay mejor café que el de Puerto Rico. Las compañías
de zarzuelas que visitaban La
Habana seguían las rutas
de las flotas comerciales, por lo que esta Habanera del Café
ha sido mencionada por Carlos Vega y por Luis Felipe Ramón y Rivera
en sus respectivos textos. También la emigración de cubanos durante las
guerras de independencia en l868 y l895 llevó elementos de la canción
habanera a Ciudad México,
Veracruz y Mérida, por lo que allí son conocidas las habaneras
Te vas y a la mar te alejas, que según el maestro Rubén
F. Campos (Campos, Rubén F, El folklore en las ciudades, México,
l930, p l93) fue llevada por los bufos cubanos cuando tuvieron que emigrar
en l869 luego de los sucesos del Teatro Villanueva y nosotros conocimos
por tradición oral como popular en la Guerra de los Diez Años Otra conocida
en México y en Venezuela es Me gustan tus ojos negros, mencionada
Campos y por y Ramón y
Rivera. Los archivos
de los teatros Tacón y Albisu estaban repletos de partituras de zarzuelas
que se ejecutaron muchas veces en Cuba y que los habaneros conocían sobradamente.
Esto permitió que muchos cantantes líricos interpretaran en sus programas
estas habaneras de zarzuelas españolas y que muchos compositores cubanos
también en sus obras, incluyeran una zarzuela. Al hecho de regresar a España géneros nacionales que
fueron estructurados con elementos de estilo de la música española que
vino con los colonizadores, los musicólogos españoles le han llamado "cantes
de ida y vuelta". En el momento actual hay estudiosos españoles que
organizan festivales en varias ciudades: Torrevieja, en Alicante, Campos
de Mayorga, en Valladolid, Palafrugell, en Girona, además de numerosos
grupos en los países vascos, Asturias, Galicia, etc. Estos grupos tienen un amplio repertorio de habaneras
tradicionales y otras creadas por autores contemporáneos. Es fácil encontrar
también la adaptación de bambucos colombianos como
Lucero de mis noches, de Francisco Suárez Garabito; Guarda esta
flor, la canción más famosa del autor mexicano Melesio Morales. Esta
canción se cantó en el siglo XIX en Cuba, en su estilo original y aparece
en cancioneros como La Mexicana. En España se han publicado valiosos
volúmenes con partituras y textos de las habaneras conocidas. Sin embargo en Cuba la habanera tuvo su desarrollo
y expansión en el siglo XIX. La combinación frecuente de cinco notas en
un compás de la melodía era
Motivada por la relación de la música con la palabra
del texto. Su acompañamiento guitarrístico
enfatizaba el ritmo de tango que la distinguía, sin embargo, las
formas de tañer estos acompañamientos, con desplazamientos rítmicos al
realizar los rayados o acordes rasgueados fueron cambiando el bajo tradicional
por el cinquillo cubano que comenzó a identificar el bolero.
Se encuentran partituras en las que se evidencian estos cambios,
que ya se van denominando boleros. Estos cambios ocurrieron con los llamados
boleros de Manzanillo, de Camagüey y de Santiago de Cuba. También algunos
de estos boleros se incluyeron en piezas teatrales de autores cubanos. El bolero tomó más fuerza en la voz de trovadores que
cantaban a dos voces y dos guitarras, muchos de ellos autores de sus canciones.
Y así fue sustituyéndose la habanera popular por un nuevo estilo
de la canción cubana. La influencia de autores españoles de zarzuelas también
la recibieron muchos autores cubanos que realizaron obras de temas,
personajes y música nacionales,
apareciendo habaneras en Valenzuela (La mulata Rosa); Ignacio
Cervantes (El submarino); Manuel Pérez de la Presa (Los Saltimbanquis);
José Marín Varona (El hijo del Camagüey); y en el siglo XX Ernesto
Lecuona (La Plaza de la Catedral).
Además Jorge Anckermann compuso la habanera Flor del Yumurí,
que se cantó siempre en un estilo libre de canción. Otro autor que se
hizo muy famoso como compositor de habaneras fue Eduardo Sánchez de Fuentes,
que en l892 compuso la mundialmente famosa habanera Tu, y además
un Álbum de más de l5 habaneras entre las que se destacan Mírame así,
Íntima, Los Aguinaldos, Cuba y muchas otras bellas
páginas. En el siglo XX sólo se divulgaron y alcanzaron gran
fama las habaneras Veinte años, de María Teresa Vera y Mariposita
de Primavera, de Miguel Matamoros. Otras como La Rosa Roja,
de Oscar Hernández, pronto se le cambió el ritmo al interpretarse como
bolero por casi todos los trovadores. En el Movimiento de la Nueva Trova
se conoció una bella composición de Silvio Rodríguez titulada En
el claro de la luna, que resulta una habanera contemporánea con los
valores de la tradición más definidos. Durante los Festivales de Habaneras que se han venido
celebrando con la intención de revitalizar el género, se celebran concursos
de composición e interpretación y se han logrado algunas de muy buena
factura pero no se ha logrado su promoción y divulgación. En la actualidad este estilo de canción ha pasado al
género lírico y se interpreta
como una canción de concierto por voces cultivadas. Resultan muy lejanas
las habaneras populares que recuerdan la vida muelle
de idílicos textos: Tengo mi hamaca tendida En la orillita del mar, Y mi caballo ensillado Debajo del platanar. Sombras me da el monte Brisas me da el mar Oh¡ bello sinsonte ¡Que dulce es amar¡ Que bella es la vida Meciéndose va cual si fuese mi hamaca tendida De aquí para allá De allá para acá... Bibliografía Campos, Rubén M. El folklore musical de las ciudades.
Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública, México, l930. Carpentier, Alejo: La Música en Cuba, México,
FCE, primera edición, l946 García de Arboleya, José, Manual de la Isla de Cuba.
2ª. Edición. La Habana, Imprenta del Tiempo, l859. Lapique, Zoila, Música Colonial Cubana, T I,
Editorial Letras Cubanas, La Habana, l979. Linares, María Teresa, La Música y el Pueblo.
Pueblo y Educación, La Habana, l974. ---------La Música entre Cuba y España (La Ida),
Fundación Autor, Madrid, l998. Mendoza, Vicente T. La canción mexicana. México,
FCE, l982 Ramón y Rivera, Luis Felipe: La canción venezolana.
Maracaibo, Universidad de Zulia, l972. Varios: La lira cubana. Cancionero.2ª. edición
aumentada. La Habana, l897. Vega, Carlos, Música sudamericana. Buenos Aires,
Emecé Editores, l946. |