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| La Música popular cubana en las décadas de 1940 y 1950 por: María Teresa Linares Las
décadas del 40 y 50 en la música popular cubana son importantes referentes
para las transformaciones que ocurrieron en las siguientes hasta el momento
actual. Fue un momento de tránsito, en el que paulatinamente se produjo
un proceso de cambios, de transculturaciones, interinfluencias entre las
distintas manifestaciones de la música nacional y la que nos llegó de
diversos países en contactos culturales. Esta
época se caracterizó por el auge del tango argentino, del bolero
que nos llegaba de México y de estilos de bailes norteamericanos que aportaban,
además, nuevas sonoridades al conjunto jazzband que ya se conocía
entre nosotros. Fue también
momento de entrada de canciones españolas, no sólo con las películas,
sino con las cancioneras y los grupos orquestales que nos visitaban. Este espacio de tiempo se distingue, en la música cubana,
por los cambios de formato, de timbres, de estructuras que se producen
en los conjuntos bailables. También en la cancionística se alteran las
formas de expresión, el contenido de los textos, los movimientos melódicos
y la base armónica. Quizá por
la emigración de músicos cubanos
portadores de elementos de la música cubana a otros países y en
los aportes de los que regresan o nos llegan a través de la radio, el disco y el cine. El disco
y el cine de aquel momento, nos resultan hoy crónicas que reseñan las
estructuras cristalizadas que identificaban nuestra música y los cambios
que se han ido operando de una manera consciente o inconsciente. Es de
tomar en cuenta que a fines de los treinta, los conjuntos existentes en
la música más conocida eran los septetos de son, la charanga
francesa para los danzones y el danzonete, y los conjuntos jazz
band que introducían el fox trot y
otros géneros. Las innovaciones que se introducían en los bailes
americanos, de inmediato se divulgaban a través de las películas y eran
retomados por estos grupos. El son, el danzón, y el fox trot habían transitado
hasta llegar a fórmulas concretas. Por distintos factores como la oferta
y demanda para la radio y los
salones de bailes populares, y sobre todo las innovaciones realizadas
por nuevas generaciones de músicos. Se inició el cambio de formatos instrumentales,
arreglos u orquestaciones, estructuras y repertorios. El
músico cubano utilizó fórmulas y modos de hacer que se transmitieron
por tradición oral, por la práctica y por la repetición de estos procederes
hasta hacerlos tradicionales. Muchos, que tenían conocimientos técnicos
de la música y habían aprendido
igualmente los recursos interpretativos
de sus instrumentos, y realizaron arreglos instrumentales con nuevos
enfoques. El desarrollo de un virtuosismo fue fundamental para los cambios
ya mencionados al destacarse el protagonismo de algunos de ellos. La presencia de la música norteamericana nos proporcionaba
la inclusión, nuevamente, de instrumentos de aliento que habían sido suprimidos
de la antigua orquesta típica de danzones. También nos ofrecía nuevas
técnicas de instrumentación que se transcribían o se adquirían mediante
métodos sencillos que se
vendían para aplicar esta
práctica. El Septeto de son amplió su formato duplicando o triplicando
las trompetas, sumó el piano y las tumbadoras, que compartieron en
parte con el bongó, ampliaron el coro de voces y al aumentar el
número de músicos se le llamó Conjunto a esta nueva agrupación. A semejanza
de lo que ocurrió en los veintes con los sextetos, los dos primeros Conjuntos,
el de El conjunto se ampliaba para que el volumen
del mismo llegara a grandes locales
y lugares al aire libre, por ello había que duplicar las trompetas,
incluir el piano que reforzaba los tumbaos armónicos del bajo y
llenaba un espacio sonoro, mientras que las tumbadoras introducían nuevos
ritmos que alternaban en
un diálogo con el bongó y permitían otra expresión corporal en los pasillos
del baile. La campana o cencerro tenía también su protagonismo con un
toque imperioso en el cambio de aire en el montuno. Arsenio agregó al repertorio de sones, una serie de
estribillos tomados de las fiestas y bailes de diversión de los
grupos afrocubanos como eran el tambor yuka y el de makuta.
Estilizó el guaguancó, utilizando tumbaos del tres, que él magistralmente
ejecutaba, y le llamó guaguancó-son. Este tenía un aire lento. También
introdujo rumbas timbillas, de aire más rápido, rumbas columbia y afros
que permitían virtuosismos vocales y planos percusivos en las voces. Y
regresó al son montuno tal como era originalmente, pero adaptado
a su formato instrumental. En estos sones también utilizó refranes y proverbios
de los antiguos cantos de yuka, que los solistas alternaban con improvisaciones
de décimas y cuartetas o coplas de contenido jactancioso.
En algunas ocasiones incluyó boleros, pero no fue lo más característico,
quizás por la preferencia de su público hacia los estilos antes mencionados.
El Conjunto Casino, con un formato similar,
tenía cuatro cantantes solistas que alternaban, y su Tanto en el Conjunto Casino --con Roberto Álvarez o
Rolando Baró al piano-- como el Conjunto de Arsenio Rodríguez
que contaba con el pianista y compositor Luis Martínez Griñán,
introductor del tumbao característico que dio fama a aquel conjunto,
pasaron por ellos numerosos intérpretes que efectuaron cambios en su devenir
artístico, pero ambos conjuntos siempre conservaron su carácter esencial,
su talante. Arsenio, se lucía "registrando" con el tres, distinguiendo
así su estilo, que completaban la vigorosa voz de Miguelito Cuni y la
trompeta de Félix Chapottin.
Se estilaba en los bailes, cabarets y programas de
radio y televisión, alternar el
conjunto con otras orquestas, de danzón o de jazz band. El Conjunto de
Arsenio Rodríguez generalmente alternaba con
la Orquesta de Antonio Arcaño, de la cual tendremos que hablar
detalladamente. El Casino alternaba con la Charanga de Belisario López,
que permaneció en su formato clásico hasta su disolución, y en ocasiones
con orquestas jazzband. Además de estos conjuntos hubo otros muchos que asumieron
un cantante bolerista como la Sonora Matancera con Bienvenido Granda,
Celia Cruz y otros invitados, el Conjunto Saratoga con Lino Borges, el
Bolero del 35 con Tata Gutiérrez. Una de las transformaciones más importantes que ocurren
en este período es la transculturación ocurrida en
las orquestas jazzband por
la que se asimilan elementos de la música cubana que van a sustituir géneros
y expresiones de la música americana que inicialmente
ejecutaban. El piano El proceso de cubanización culmina con la Banda Gigante
de Beny Moré, en la que se observan El Beny tenía un antecedente muy directo en
Miguelito Valdés y su estilo popularizado en la orquesta Casino
de la Playa. Pero aquel había partido a los Estados Unidos a finales de
los treinta y se conocía por su fama adquirida, por las visitas que hacía
a Cuba y por los numerosos discos que había grabado. (Ejemplo
musical) Cuando Beny Moré llegó a La Habana ya había cantado
sones y canciones, participaba en el Casino de los Congos, es decir, estaba
vinculado a la música afrocubana y además cantaba e improvisaba tonadas
campesinas del estilo rítmico pinareño. También tenía referencias de los
montunos orientales que cantaban los cortadores de caña de su pueblo que
iban a realizar la zafra en Oriente. De manera que cuando lo invitaron
a ir a México, llevaba su mochila llena de la cultura musical más apegada
a la base del pueblo, y tuvo el talento de asimilar el sonido nuevo de
los conjuntos orquestales urbanos. En La Habana se escuchaban las guarachas
de Julio Cueva cantadas por Cascarita y por Puntillita, estaba de moda
el estilo rubateado de Daniel Santos, el cantante puertorriqueño que estuvo
en Cuba, de todos los cuales había recibido elementos estructurales de
la música por tradición oral. Cuando Beny viajó a México con el Conjunto
Matamoros, se vinculó a grupos musicales del momento y a la orquesta de
Pérez Prado. Con él consolidó aquellos rasgos más sobresalientes de sus
modos de instrumentar el jazz band y al regresar a Cuba comenzó su carrera
triunfante acreditándose primero con Mercerón y sus muchachos,
y crea luego su Banda Gigante. El repertorio de Beny Moré fue un muestrario de géneros
de canto y baile representativo de todo lo que se divulgaba en la década
del cincuenta El mambo,
el son, la guajira, el afro, la rumba, el montuno y el bolero.
Uno de sus mayores éxitos fue su interpretación del bolero ¡Oh, vida!
cantado en el estilo filin de
modo magistral. Beny Moré fue un caso único, con precedentes en cantantes
anteriores, pero nadie ha llegado a superarlo ni a relevarlo. Aún hoy
generaciones de jóvenes que no lo escucharon personalmente, lo consideran
el músico más popular de aquel momento de intensos cambios. Fue en definitiva,
quién cubanizó definitivamente la orquesta jazzband hasta castellanizar
su nombre. No fue sólo un cantante, fue un creador, director y arreglista
de sus temas, y supo aceptar las orientaciones de Generoso Jiménez y de
otros músicos que le dieron sus obras para que las incorporara en su repertorio
y les hizo honor a todas. Las orquestas charangas, fueron también muy sensibles
a las transformaciones ocurridas a través de estas décadas. Generalmente
esta asimilación ocurre en los conjuntos instrumentales que agrupan más
músicos profesionales, y en las que se había desarrollado un virtuosismo
instrumental, sobre todo en el piano y la flauta. Recordamos la excelencia
del pianismo en Antonio María Romeu y Neno González; y de la flauta en
Francisco Delabart y Belisario López, pioneros. El danzón había cristalizado desde los primeros años
del siglo XX en que había adoptado el montuno de son. Tenía una estructura
formal muy amplia que repetía
la primera parte o introducción de ocho compases cada vez que se introducía
una parte nueva, hasta el montuno, que era de un aire más rápido, con
una estructura más segmentada, y de forma abierta, que permitía su extensión
todo lo que quisieran los músicos y los bailadores,
que era lo que más atraía
y se disfrutaba. Aquella estructura fue uno de los primeros cambios
en los cuarenta, haciéndose más funcional. Se eliminó la repetición de las introducciones. Después
de unos compases de inicio se pasaba inmediatamente al montuno, al que
se le incluyeron determinados ritmos sincopados tomados de antiguos montunos
de son, cantados en coros de voces con textos a veces sin función semántica,
que servían como nuevos planos instrumentales. Se reconoce como inicial de este nuevo aspecto del
danzón, la presencia del danzón Mambo, de Orestes López. Este, y otros que lo siguieron, fueron muy aceptados
por el público bailador, mismo
que le llamó "danzón de nuevo ritmo" por lo evidente del cambio.
Muchos jóvenes danzoneros aceptaron con éxito esta
nueva forma, sin que pudieran evitar choques con las generaciones de danzoneros
precedentes. La Orquesta de Antonio Arcaño, integrada por los virtuosos:
Arcaño en la flauta, Jesús López en el piano, Israel López
--Concertista de la Orquesta Filarmónica Nacional-- en el Contrabajo,
su hermano Orestes en el cello, ambos arreglistas y compositores de muchísimos
danzones, los violinistas Miguel Valdés y Elizardo Aroche y Ulpiano Estrada
en el timbal o paila. Estos músicos de muy alta calidad provenían de otra
orquesta llamada La Maravilla del Siglo, por lo que Arcaño, al
separarse de ella con algunos de sus músicos para integrar la dirigida
por él, le tituló Arcaño y sus
Maravillas. El éxito alcanzado de inmediato lo llevó a reforzar
los planos instrumentales aumentando músicos (entre ellos a Enrique Jorrín)
e instrumentos (la tumbadora) hasta llamarle Orquesta Radiofónica de Antonio
Arcaño. Otras orquestas que se sumaron a este movimiento renovador
fueron las de los Hermanos Contreras, La Orquesta
Estrellas Cubanas, con Félix Reyna como director, y la Orquesta
América, en la que Enrique Jorrín era violinista y compositor,
la Orquesta Sublime, y la Orquesta Aragón (ver
video actualidad) desde Cienfuegos.
Este período de veinte años, desarrolla las orquestas
de música bailable, en parte por el aumento de salones de baile, y por
otra parte por el desarrollo de
la radio hasta la aparición de la Televisión en l95l. Algunas agrupaciones,
como la Orquesta Cosmopolita, acompañaron a artistas en el Teatro América
y en la radio. Muchas de estas Junto a este movimiento cancionístico, producto de
una música elaborada para cubrir las necesidades de la radio en un ambiente
que resultaba similar al de otras ciudades latinoamericanas, la visita
de artistas latinoamericanos principalmente de Puerto Rico, de México,
Colombia y Venezuela, la difusión por la radio de canciones de Agustín
Lara y María Grever, Pedro Flores, Chelo Velásquez, Rafael Hernández,
Bobby Capó, se sumaba el auge de cantantes cubanos de similares condiciones,
y de autores que seguían la misma línea cancionística: Osvaldo Farrés,
Pedro Junco, Bobby Collazo,
Adolfo Guzmán, que interpretaban Olga Guillot, Mario Fernández Porta,
Fernando Albuerne, Blanca Rosa Gil, Rosita Fornés, y Esther Borja, que
fue intérprete de Lecuona y los autores del Teatro Lírico Cubano. De aquellos
autores, Adolfo Guzmán alcanzó a componer un repertorio en este estilo
que abarcaba canciones líricas
de concierto y canciones dentro del feeling. Fue además director y arreglista,
de sus obras y las de otros compositores. Simultáneamente los aires renovadores influían en la
cancionística que asimilaba elementos de la canción norteamericana que
nos llegaba a través de filmes musicales y discos. Siempre existió la
anuencia de los jóvenes al recibir
estos elementos novedosos, y luego que se interiorizaban, se
incorporaban a la música cubana. Nos referimos al estilo que se
denominó feeling. Esta novedad fue de inmediato aceptada y al principio
de los cincuenta se consolidó con la presencia de la televisión y el desarrollo
de grupos vocales y de solistas y compositores que se unían al grupo inicial.
En la misma corriente de influencias foráneas, recibíamos los grupos armónicos,
las pequeñas agrupaciones o combos; se desarrollaban virtuosos
que, en los combos --palabra puertorriqueña que sintetiza el término combination--
realizaban descargas con un importante contenido jazzístico. Facundo Rivero
había organizado un Conjunto Siboney en el que cantaban
Isolina Carrillo y Marcelino Guerra. Mas tarde organizó un Cuarteto en
el que participó Elena Burke. Orlando de la Rosa organizó luego otro cuarteto
con Elena Burke, Omara Portuondo, Roberto Barceló y Aurelio Reynoso. Los iniciadores, los pioneros, fueron llamados "muchachos
del feeling"; César Portillo de la Luz, Ñico Rojas, Jorge Mazón,
Luis Yáñez, el Conjunto Loquibambia Swing, dirigido por José Antonio
Méndez compositor, guitarrista y cantante. El pianista era Frank Emilio
Flynn, cantaban Moraima Secada y Omara Portuondo. A partir de l952, Aida
Diestro, pianista repertorista que había participado en los primeros momentos
del movimiento del filin (término ya castellanizado), organizó para la
Televisión el Cuarteto D’Aida con las cuatro gemas,
Elena Burke, Omara y Haydee Portuondo y Moraima Secada. Para este
Cuarteto la Diestro realizó arreglos que definían, en su desarrollo melódico
y armónico, el nuevo estilo cancionístico que se había iniciado varios
años antes. Muchos fueron los autores e intérpretes, los grupos vocales
y las obras que consolidaron esta
nueva expresión de la canción cubana. Al mismo tiempo que resultaban innovadoras,
sentaban las bases como referente de los cambios que ocurrirían en décadas
posteriores. El filin, que había asimilado elementos de la canción norteamericana,
en ese proceso de transculturación, no desechó los valores raigales que
le dieron identidad cubana, consolidó sus elementos estables y, aunque
tenía evidentes elementos de los cancioneros del Norte, en todo su devenir
se le ha considerado una nueva expresión de nuestra canción. Ahora bien, queremos regresar al jazzband, al danzón
de nuevo ritmo y la nueva charanga
en el inicio de la segunda década que nos ocupa. Dámaso Pérez Prado había emigrado a México y allí introdujo
un género bailable que partía de elementos del danzón de nuevo ritmo con
cambios en los timbres --utilizaba el jazzband-- integrando las voces
en un coro con funciones más instrumentales que vocales y coros que decían
textos de valor rítmico, percutivo. Su voz, en gritos enfáticos, es un
ejemplo de lo que él pretendía lograr y logró. Su éxito internacional
llegó a Cuba y fue muy divulgado en sus discos, pero cuando se reprodujo
por otros autores fue con determinadas licencias y cambios
--como la rumba mambo inicial de Jorrín que luego llamó
chachachá-- y los boleros-mambos que crearon varios compositores de boleros
para los grupos vocales. La versión cubana más cercana, en nuestro criterio,
fue la que interpretó Beny Moré a su regreso a Cuba. En los cincuenta los compositores danzoneros ya habían
compuesto danzones de nuevo ritmo en los que marcadamente habían asimilado
los fundamentos de aquel danzón Mambo de Orestes López.
Arraigados ya, se iban descomponiendo en esquemas que provocaban en el
bailador un cambio de pasillos. Si no de modo consciente, la relación
música- bailador establecía un diálogo en el que se aceptaban o no las
innovaciones. Este estilo de danzón coincidía en su momento con el
movimiento del filin. Ambos introdujeron elementos novedosos que rompían
con las normas establecidas tradicionalmente. Nuevos modos de instrumentar,
nuevas estructuras armónicas y melódicas daban resultados muy distintos
con respecto al danzón o a la canción tradicional. El nuevo ritmo variaba
la estructura, como dijimos, eliminando partes repetidas y pasando directamente
al montuno. En éste se incluía
un ritmo sincopado que partía del tumbao del tres en el son oriental.
Se realizaba también un cambio en los planos instrumentales: los violines,
que habían ejecutado una melodía cantábile en el danzón tradicional,
creada originalmente o tomada de canciones,
de fragmentos de arias de ópera o
de conciertos, pasaron a realizar motivos cortos, sincopados, en figuraciones
que apoyaban el tumbao del piano. La tumbadora destacó determinados
acentos en contraposición con la paila. Por encima de esta base, la flauta
iba realizando giros y adornos. Aparecían melodías virtuosistas para el
piano en sus descargas, con un sentido melódico diferente, pleno de cromatismos
y dificultades técnicas. "La incorporación de la tumba, que hace
un baqueteo en lugar del timbal, con todos, forman un tumbao,
un chanchullo, que mueve a los bailadores a cambiar la estructura
coreográfica tradicional", nos dijo Antonio Arcaño en un testimonio. Pero este factor de cambio es un fenómeno colectivo,
en él se reúne el genio creativo de un grupo de músicos en los que, al
decir del maestro, "la instuición, el oído abstracto y la creatividad
juegan un papel importantísimo en la creación colectiva de una instrumentación.
Hay músicos que ni leen el papel. Al oído ponen la voz de su instrumento".
Esta creación colectiva, esta suerte de reunirse en un grupo músicos
geniales, en lo que cada línea revestía
particular importancia y la suma era un nuevo éxito, es lo que
dio mayor impulso y relevancia a un género bailable cubano que desde 1879
venía siendo representativo de nuestra nacionalidad.
En el danzón de nuevo ritmo o en descargas en que se
usan estos elementos que lo califican, es muy importante la relación que
se establece entre el piano, la paila y el bajo. Esto es parte de lo que
no aparece escrito en la partitura, es algo que conocen todos los músicos
danzoneros y saben hacer de modo improvisado. Por eso Arcaño se refería
al "chanchullo", al "baqueteo" que a veces no está
escrito en el papel. He tenido la oportunidad de disfrutar en un concierto
una descarga espectacular, a manera de diálogo entre el piano, el bajo
y la paila, realizada por tres excelencias: Frank Emilio Luego de los éxitos de Arcaño y sus
Maravillas, continuaban el nuevo camino la Orquesta de los Hermanos
Contreras, para la cual Jorrín compuso el danzón Lo que sea, varón.
Se fundó en l942 la Orquesta
América con su director el pianista Ninón Mondéjar. En l939 se había
fundado en Cienfuegos la Orquesta Aragón, que luego se radicó
en La Habana con la dirección de Rafael Lay; la Orquesta Melodías del
40 dirigida por Regino Frontela y, en Camagüey, la orquesta Maravillas
de Florida. Todas estas agrupaciones promovieron el nuevo ritmo
por la radio, en cabarets y sobre todo en las entonces existentes academias
de baile. Luego asumieron el chachachá. Enrique
Jorrín había transitado por el danzón de nuevo ritmo. En Lo que sea
varón, o Central Constancia asomaban ya algunos rasgos diferentes.
Hacía un cambio de acentos que provocaban en los bailadores un
deslizamiento de los pies en tres pasos escobillados. Según sus
testimonios, los propios bailadores de la Academia de Bailes que había
en Prado y Neptuno le pusieron el nombre cha-cha-cha. ¿Cuál, realmente
fue el primero? La Engañadora fue grabada por la orquesta América y registrada primero
como rumba-mambo, y editada luego como mambo chachachá. En la otra cara
del disco Panart de 78 rpm donde lo grabó por primera vez estaba El
Alardoso, que concretaba lo que él, ya con un nuevo nombre seguiría
desarrollando por varios años. Aceptado el nombre de chachachá, se consolidó en la
acción repetitiva de las orquestas y autores que se adscribieron a este
estilo que aceptó el público bailador. Con la creación de muchos otros
músicos que a través de los años introdujeron cambios, Jorrín, que había
partido del danzón de nuevo ritmo logró, junto a Rafael Lay, Richard Egües,
Félix Reyna, Antonio Sánchez, Rosendo Ruiz Quevedo, lo que el son, la
rumba y la conga habían logrado en los años treinta; El chachachá fue
el género que identificó la música cubana en el ámbito internacional por
cerca de veinte años. Sus características identitarias fueron los textos
cantados a coro unísono; el desplazamiento de acentos que
introducía un cambio rítmico con respecto al antedicho danzón de
nuevo ritmo. Al pasar la línea de canto a la voz humana, los violines
llenaban un ámbito sonoro distinto, basándose en motivos melódicos independientes
supeditados a las voces. Generalmente eran los violinistas los que cantaban
en coro unísono, con lo que se pretendía evitar el rubateo, algún posible
desajuste del tono y hacer más audible el texto, el cual era más funcional
al ritmo que al contenido semántico. Los cambios en la estructura formal
se debían mas bien a la disponibilidad de tiempo al grabar, en la radio
o ante los bailadores. A fines de los cincuenta los compositores de las distintas
orquestas introducían novedades que irían variando la estructura original.
Hasta el propio Jorrín, ya en los sesenta, introdujo nuevos cambios en
la estructura del son y el danzón para intentar hacer un nuevo género:
el sondan. El ciclo de la contradanza al chachachá se había cerrado.
Hoy son piezas de concierto que se escuchan plácidamente. Son música clásica
cubana. Permaneció la costumbre de reunirse varios intérpretes
en un conjunto de cámara con instrumentos armónicos que realizan una franja
tímbrica como base para que se realicen variaciones sobre un tema. A esta
acción desde hace mucho tiempo se le denomina descarga. Hay ejemplos
muy valiosos como el grupo que organizó Israel López con instrumentistas
que bien podían ser de una orquesta charanga o de una jazzband. La selección
incluía el piano, el bajo, la paila o la batería, el güiro, trompetas,
trombones, flautas, que a modo de solistas realizaban variaciones al estilo
del jazz sesion. En ellas participaban músicos como Richard Egües,
Chico O’Farril, Frank Emilio, Generoso Jiménez, el Negro Vivar, Orlando
López Tata Güines, Guillermo Barreto y muchos otros maestros cuyo ejemplo
y excelencia se mantiene hoy en sus discípulos. Elementos jazzísticos
estilizaban al nuevo ritmo del danzón, al chachachá, al montuno, la guajira
y otros géneros cubanos. En ellos se empleó el calificativo de todos estrellas,
"all stars" En ejemplo grabados entonces son notables los rasgos
que hoy identificamos en la música más actual "calificada como salsa"
y que no me corresponde introducir. Sí deseo destacar la correspondencia
que existe entre aquella etapa formadora, que, si
heredada la música
que iniciaba el siglo XX, consolidada
como cubana, asimiló y transformó los elementos foráneos que más incidían
en sus aspectos más externos, los convirtió en
un nuevo producto cultural más evidentemente cubano, más arraigado
a la identidad de nuestro
pueblo. Los rasgos identitarios de nuestra raíz musical, están ahí. Los
hombres que realizan el milagro están ahí, en el hecho concreto en la
música de anteayer, ayer
y hoy sin fronteras. |